domingo, 12 de junio de 2022

El mercado indecente

El mercado indecente

Así califico yo, a ese que se lucra por concedernos el derecho a la vida.

Introducción:


Una de las tareas de Marketing, en una economía libre de mercado, es poner precio al producto o servicio. Para ello se hace la pregunta clave, que se convierte en doctrina:
¿Cuánto están dispuestos a pagar por él nuestros clientes?

Son sobradamente conocidos los casos de un compatriota en el corredor de la muerte o de quien sólo en Huston tuvo la esperanza de curar su cáncer. Dos noticias totalmente inconexas, con una interesante coincidencia que llamó mi atención: los familiares manifestaban que necesitan un millón de dólares, aproximadamente, para abordar su salvación. ¿Acaso es un millón de dólares el precio de una vida humana, en términos de mercado, en EE.UU.? Si asumo que los precios no dependen de la nacionalidad, y que los servicios involucrados no son gratuitos allí, así se me antoja.

Son éstos y otros los servicios igualmente necesarios para vivir y que, debido a ello, quienes nos los proveen llevan su doctrina hasta las últimas consecuencias, sin reparo alguno, sabedores de que el mercado somos todos y la necesidad absoluta. La tentación es demasiada, como para dejar los negocios a las leyes del mercado. Sus técnicas dependen de cada caso. Veamos.

El mercado de lo imprescindible

Agua:

Por ahora controlada por los poderes públicos, directa o indirectamente, no conozco grandes intereses comerciales en su suministro. Quizás porque matar de sed a alguien por impago del recibo excede el atrevimiento del más abyecto. Al menos, mientras no falte.

Es cierto que en la concesión a la empresa proveedora se dan casos de corrupción y enchufes significativos, intolerables y a perseguir, pero que, como digo, no la encarecen hasta el punto de la extorsión.

Alimentación:

Una característica destacable, es la multitud de proveedores de materias primas. Podría funcionar la libre competencia entre ellos. Intolerable, hay que hacer algo. Para que el negocio sea próspero se abren tres frentes:
  • Control de la producción. Ejemplos:
         - Semillas cuyo fruto no produce semillas para su posterior siembra y fito-sanitarios, en manos de pocas multinacionales. Oligopolio.
         - Cuotas de producción. El sector lechero, por ejemplo, sabe mucho de ello.
  • La cadena de intermediarios. Cualquiera de ellos, infinítamente más fuerte que el productor individual. Su competitividad la basa en fijar el precio de compra de manera inmisericorde.
  • Connivencia política y complicidad ciudadana. So pretexto de velar por nuestra salud, a la Administración le es más fácil centrar su "control" en unas pocas cadenas que patear bancales y mercadillos. Por otro lado, nos acomodamos a las grandes superficies. 

Justicia:

¡Ojo con ella!  Se dice aquí, que es gratuita, pero no trata igual a ricos y pobres. 

Los primeros, con posibilidad de costearse el acceso a todos sus procedimientos, ardides, triquiñuelas y vericuetos que le permiten alcanzar sentencias más benévolas.

Los más pobres, por el contrario, están al albur de la primera sentencia, al tiempo que la suerte en ella y de que la parte contraria no esté en el primer grupo. Afortunadamente para muchos, no pisan un juzgado en su vida.

Sanidad y educación:

En la medida de que que estos servicios sean absolutamente públicos y bien costeados por los impuestos, estamos a salvo del mercado, pero de no ser así ¿a cuánto no renunciaríamos a cambio de nuestra salud, o de dar un futuro a nuestros hijos? La misma pregunta clave de marketing, pero cargada de perversión.

Sería aceptable que el negocio se sustentase en complementar dichos servicios públicos con lujos u otros servicios adicionales. Pero eso no parece bastarles y la fórmula para incrementar el volumen de negocio es común en ambos casos: cierran progresivamente la fuente de recursos.

Energía:

Debido a los elevados costes para su generación y distribución, queda en manos de unas pocas empresas, entre las que la competencia mutua queda, y con razón, en entredicho.

Para que tal cosa funcione es necesaria, cuando menos, la tolerancia del gobierno. La consecuencia: que los precios pagados por los usuarios del mercado residencial son más altos de lo que debieran. Por si no fuese suficiente, se protegen con medidas legales que frenen la entrada de fuentes de energía que puedan escapar del control del oligopolio.

La "liberalización" de su mercado, no ha dejado de ser un maquillaje con tintes de competencia, pues sólo afecta a la comercialización al por menor.

Si miramos hacia los combustibles, bien parece que el precio de la materia prima, en origen, es despreciable, dada su escasa repercusión cuando éste se desploma. Hasta los gobiernos se apuntan a la fiesta y, en algunas ocasiones, aprovechan esta circunstancia para algún ajuste impositivo. No obstante, dudo si gasolinas y gasoil tienen cabida entre los productos estrictamente necesarios. 


Vivienda:

Es cierto que el suelo edificable debe ser dotado previamente de una serie de viales, canalizaciones y servicios, y de ahí planificación urbana. Pero no son éstos los que más influyen en su precio. Tampoco la construcción de la misma.

Sólo es explicable por un mercado del suelo, en el que son cómplices los promotores y la administración que califica el suelo para uno u otro fin. Desde luego, en los beneficios raramente participan, el propietario del suelo rústico ni el reducido grupo de ciudadanos que quiera comprar un solar para construir su casa.

Vejez:

Si cada día hay más personas mayores y su vida más larga, el mercado se agranda, y solamente con la muerte escapas de él. Jugoso pastel que los mayores no puede dejar para pequeños o el estado.

Ni uno mismo sabe lo que tiene hasta que sufre un chantaje, o cuando queda desvalido y al alcance de estos buitres. Tu pensión no bastará; tus ahorros, para un tiempo, y si falta, aún les quedan dos recursos no excluyentes:
  • Chantaje a los allegados. O cooperas o te lo quedas y ¡Ojito!. Que si le pasa algo en tu ausencia, por trabajo o lo que sea, allá te las apañes con la Justicia.
  • Nos quedamos con tu casa. Sí, esa que pagamos toda la familia, aunque solamente fuese con privaciones. Hipoteca inversa lo llaman. ¡Ya! te pagan a plazos menos de lo que vale, descontando además los intereses de lo que dura la hipoteca. Y, ay de ti si vives más y no pagaste el seguro necesario además.
Veréis que contemplo residencia o cuidados en domicilio. Es sólo cuestión de dinero, Cuanto mayores sean las pensiones, más y mejores las residencias estatales o más cubiertas por la Administración las ayudas al dependiente, menor la tarta a deglutir.

Ahora ya sí, sin tapujos, es más fácil de entender el encono que muestran algunos contra las pensiones, prestación y financiación, así como toda política que reste porciones a la tarta.

Entierro:

Lo he dejado para el final, por ser el último servicio que obtenemos y por ser el más retorcido y macabro de los negocios.

¿De verdad cuesta miles de euros una caja y alquilar un nicho por muy pocos años, o quemar un cuerpo? Es evidente que no, ni aún añadiendo transporte y estancia en funeraria por una noche. ¿Por qué he de preparar un presupuesto de más de 4.000€ para después de muerto, o adelantarlo en vida? No digamos si se adelanta en cómodas cuotas.

La respuesta la encuentro en la conjunción de intereses de dos instituciones y en la debilidad anímica de los familiares en tal trance.
  • La administración religiosa. Sí, me refiero a quienes nos enseñan que hay que dejar el cuerpo para que se presente ante su Creador. Ello crea un mercado que no se cuestiona pagar por su futuro entierro el diezmo de su pensión.
  • La administración civil. Si te crees que por ser ateo te vas a librar de la mordida, estás en un error. Los familiares -por si no se sintieran proclives a satisfacerla- están obligados a pasar por el aro, que para eso se creó la empresa concesionaria de servicios funerarios.
Supón por un momento, buen ciudadano previsor, que tienes el viaje bien pagado. Ya comprobarán tus deudos que el buitre no está en peligro de extinción, quienes sufrirán su acoso ofreciendo toda suerte de complementos y mejoras que ni imaginabas ni verás.

Epílogo

Es evidente, que si fuesen servicios públicos con cobertura total y universal, sólo cabría el negocio en ellos, si se complementasen con lujos u otros servicios adicionales. Si así fuese, tengan por seguro que no había empezado a escribir estas líneas. Algo más ha de haber para que sean buenos negocios.

Estoy convencido de no haber hecho una exposición exhaustiva. Apenas he dado algunas pinceladas que cada cual podrá complementar con su punto de vista y experiencias personales.

Si has leído hasta aquí, es el momento de definirte políticamente.
  • Si piensas que todos estos servicios han de estar provistos por el Estado, prepárate para que te etiqueten, como poco, de comunista. Y suerte compañero, porque creo que no has medido bien tus fuerzas.
  • Si estableces distinciones entre unos y otros, o bien crees que la administración debe controlar a las empresas que los dan, entras en la definición de socialista, o socialdemócrata si lo prefieres.
  • Si, por el contrario, crees que todos ellos deben correr a cargo de empresas, liberalSi además de ello, quieres que sea costeado por impuestos, habrá quien te llame liberal o demócrata. Yo prefiero no tener que disfrutar de la justicia, así que me ahorro la etiqueta.

Las pensiones en peligro

Las pensiones en peligro

Introducción

Con frecuencia, llegan a nuestros oídos aseveraciones sobre la inviabilidad del sistema de pensiones, siempre basadas en el hecho fatídico de que nuestra vida se alarga y, muchas de ellas, aderezadas con el remedio del ahorro como alternativa.
Poco aportan los acalorados debates sobre el tema, que no dan cabida a reflexiones serenas ni análisis objetivos. Así que haré el papel de analista aportando lo que buenamente pueda, echando mano del infantil "¿por qué?".

Entradas, salidas y saldo

Nada que discutir en que son las cotizaciones, de empresas y trabajadores, las que alimentan la caja, y las pensiones su drenaje.
El saldo no es más que el resultado de la resta a lo largo del tiempo. El hecho de que decrezca, da paso a toda suerte de especulaciones, salvadores y agoreros. Pero ¿por qué sucede así?. Analicemos cada uno de los flujos siguientes: 
  • Estamos más años jubilados, lo que hace crecer el gasto total, aunque no lo haga cada pensión en particular.
  • Las cotizaciones no aumentan al ritmo que lo hace la población en edad de hacerlo por dos motivos:
  1. No lo hace la población activa, debido a un paro excesivo.
  2. La aportación por cada cotizante, incluso, desciende; debido a que los salarios, lejos de aumentar, disminuyen.

¿Cómo revertir la situación?

Disminuyendo el gasto

Es en lo primero que se piensa para equilibrar la balanza. Dejando a un lado las bromas sobre acortamiento de la vida, hay dos líneas de actuación, no excluyentes:
  • Sobre cuánto pagar a cada pensionista. Al menos por ahora, parece que no se quiere ir más allá de la congelación de las pensiones que se pagan.
  • Sobre la población con derecho a pensión. ¡Eureka! Se retrasa la edad de jubilación.
Esta última genialidad, no sólo disminuye el número de perceptores, sino que, de paso, la población activa cotiza más tiempo, aumentando así la financiación. Así nos lo cuentan.
Nada más lejos de la realidad. Quizás ocurra con los autónomos pero, mientras haya jóvenes pidiendo trabajo, las empresas seguirán renovando plantilla a costa de sus mayores. Así pues, ni se retrasa la edad real de jubilación ni aumentan los años de cotización.
Como no fui el más listo de la clase, he de suponer que quien hizo la norma también se dio cuenta, lo que me lleva a mi primer por qué, despojado de su inocencia. La respuesta la hallo en lo que se consigue. A saber:
Aumentando la edad legal de jubilación y no hacerlo la efectiva, el decremento por anticiparla aumenta y así se reduce la pensión resultante. ¡Vaya! La primera línea que, por impopular, no se quería decir claramente.

Aumentando el ingreso

Comoquiera que no se consigue aumentando la edad legal de jubilación -según acabamos de ver- sólo queda el camino de que aumente el número de cotizantes hasta casi el pleno empleo.
Claro está, sin que baje la aportación por individuo. Mas, ¿quién apuesta por esa vía, si todos creemos pagar mucho por ello?
  • Sé de trabajadores en los que cala el mensaje de que un futuro y drástico recorte es inevitable. Tanto más desesperanzados cuanto más jóvenes de llegar a recoger el fruto de su aportación.
  • A la empresa le molesta tener unos costes salariales que sus empleados no perciben como sueldo. Tampoco emocionalmente. Nunca entendí por qué no aparece en las nóminas el total de la cotización a la Seguridad Social.
En resumen, difícil y esforzado camino tener que: explicarles a unos lo que pagan y que es el futuro ingreso de jubilado y, a los otros, imponerles que así debe seguir siendo. Claro que, por difícil que sea, merece la pena luchar por él. No se me ocurre otro, sin trampa.
Entonces ¿por qué tan poco empeño en este camino?

Palos en la rueda

La figura del autónomo con una sola empresa cliente contenta a la empresa sobremanera. ¿Por qué?
(Bueno, los hay que además se lamentan por su falta de compromiso en el proyecto).
  • Como sucede con todo contrato de servicio externo, no le cuenta como plantilla, dando valor a la empresa: mayor volumen de negocio por empleado.
  • Todo problema laboral pasa a ser de tipo mercantil o, directamente, desaparece, como bajas por enfermedad, maternidad, etc.
  • Con un coste menor, el autónomo contratado puede percibir más. De su parte de Seguridad Social, le paga algo, o no.
La consecuencia es inmediata: la cotización se reduce a la mínima posible, inferior a la que correspondería por un sueldo igual a sus ingresos.

Ángeles salvadores y su bálsamo de Fierabrás

Ante tan fatal panorama para la vejez, llegan los sabios consejos: ahorra, hazte un plan de pensiones, mira qué fondos ..... Además, son para ti, no para pagar a otros.
Curioso que las ofensivas comerciales al respecto vayan avaladas por recientes rentabilidades. Silencio cuando baja la bolsa y, con ella, su rentabilidad. Sospechoso, añadiría.
Suponiendo que quede algo para invertir, que ya es suponer hoy día, inviertes dinero real, que te quitas de otras cosas, en unidades de cuenta, participaciones, títulos, o como los llamen en cada caso. A la postre, cromos, por los que no te dan lo que has pagado ni en el momento de comprarlos.
Claro que, si lo hacemos, es con la esperanza de que se cumpla la promesa del vendedor: El valor subirá, incluso por encima del IPC y, en ese lejano futuro, tendré una ayuda a la exigua pensión.
Destaco el término esperanza, porque siempre está la letra pequeña: "Rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras".
Para ser objetivo, esta es la evolución de dos planes de pensiones con diferente riesgo en los que podrías haber ido depositando los ahorros a lo largo de tu vida laboral.



Antes de entregarte al alborozo, ten en cuenta el IPC, ya que su rentabilidad real es lo que sube la curva por encima de la del IPC.
También, que la cantidad invertida puede ir siguiendo el ritmo del IPC y de los ingresos. Amén de de otros condicionantes más personales.




La respuesta a mi por qué

En un sistema público de pensiones, lo que se ingresa se gasta en otros o se ahorra.
En el otro, del dinero que se ingresa, ya veremos lo que te queda.
Sólo les encuentro en común, que cuando te jubiles, ya no puedes cambiar tu pretérita decisión.
Habida cuenta que mi experiencia es la que muestro, y que nada más lejos en mi ánimo que emular a Elena Francis, como dicen en mi pueblo: tú mismo

Nota: Gráficos obtenidos de Fonditel e INE